02/02/2017 Colegio Orvalle

¿FUTUROS MOZART?

Es posible que esto no lo sepáis. Existen estudios que demuestran que los músicos cuentan con más materia gris en algunas zonas del cerebro; por lo que pueden llegar a ser más inteligentes que la media poblacional ¿Y como padres qué puedo hacer?

Según un estudio de los investigadores de la Universidad de Heidelberg (Alemania), “la zona del cerebro relacionada con la apreciación musical, la circunvolución temporal transversa de Heschl, es más grande y más activa en el caso de los profesionales musicales”. Esto significa que  los maestros llegaban incluso a tener más de un 130% de materia gris en ese área en particular.

Asimismo, otro estudio del Centro Médico Beth Israel Deaconess, de Boston, asegura que la música desarrolla una porción del cerebro que incluye el sistema nervioso central y se prolonga como ‘sustancia gris’ por la médula espinal.

Ante estas tentadoras afirmaciones ¿Qué podemos hacer desde nuestra humilde posición? ¿Cómo podemos ayudar al niño para que desarrolle esas capacidades latentes en su cerebro? La solución puede venir de la mano de una actividad cultural, divertida y apasionante: la música.

Desde que el niño está en el vientre de la madre con 4 meses aproximadamente, ya su oído comienza a desarrollarse y a percibir los distintos sonidos que le rodean: agua, voces, ruidos exteriores, sonidos internos del cuerpo materno, etc. Cuando tienen unos días de vida, intentan seguir con la mirada los sonidos que le rodean, buscar su origen. Un poco más tarde, sobre los cuatro años, su oído está desarrollándose al máximo nivel… ¿no son todas estas etapas un momento maravilloso para añadir la música a ese rango de sonidos que percibe, para sorprenderle con este nuevo estímulo?

Afortunadamente, son cada vez más los padres y los centros educativos que han entendido la importancia de la música para el desarrollo del niño y están dispuestos a hacerles ese regalo a los pequeños; son muchas las entidades que ahora ofertan “Música prenatal”, “Estimulación temprana con música”, “Música para bebés”, “Iniciación musical”, etc.

Y no es que estemos buscando futuros Mozart. Quizás la intención no es que nuestros hijos sean músicos profesionales y quizás, ni siquiera, que estudien en conservatorios oficiales. Sin embargo, eso no es excusa suficiente para negarles la oportunidad de disfrutar de la música, de tocar un instrumento, de conocer amigos con los que poder tocar en grupo o de viajar para participar en un certamen de coros.

Las habilidades que lograremos enriquecer con esta actividad son muchas y muy variadas: psicomotricidad, creatividad, sensibilidad, esfuerzo, gusto por la cultura, buen oído, disciplina… y para cuando el niño decida si quiere dedicar su vida a esta profesión o prefiere otra, ya habrá interiorizado muchos de estos aspectos, que le acompañarán el resto de su vida, estimulando su inteligencia.

Mª Isabel Romero,

Profesora de Música en el Colegio Orvalle

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