16/05/2017 Colegio Orvalle

El tiempo de los papás

En la actualidad, con el ritmo de vida que llevamos, se hace necesario revisar nuestro proyecto vital cada poco tiempo, para ver dónde queremos ir, y cómo vamos a llegar. Dentro de este proyecto vital, la parte más importante, es un proyecto compartido, nuestro proyecto familiar.

Es un proyecto apasionante, que se va actualizando con el tiempo, va cambiando de forma, crece y evoluciona, y es algo que compartimos con nuestro marido o nuestra mujer, que hemos elegido personalmente para ello.

Si nos paramos a pensar, de las veinticuatro horas del día, unas siete las pasamos durmiendo (o deberíamos), unas dos horas las pasamos comiendo, y unas nueve horas, en el mejor de los casos, las pasamos trabajando. Quedan unas seis horas, de las cuales podemos dedicar casi tres a asearnos, arreglarnos y a trasladarnos de un lugar a otro.

La conclusión es que, con suerte, pasamos unas tres horas al día con “nuestra” familia. No se trata de lamentarse, ni echarse las manos a la cabeza, sino de ver lo positivo de nuestra situación y organizarse para suplir las carencias que podamos encontrar. Lo que está claro es que si vemos a nuestro marido / mujer la cuarta o quinta parte del tiempo que compartimos con compañeros de trabajo, tenemos que hacer un esfuerzo por cuidar nuestro matrimonio, por tener un momento para mirarnos a los ojos y volver a encontrarnos cada día, aunque sea media hora. Parece fácil de hacer y nos resulta muy lógico, porque además nos lo cuentan en todos los cursos de orientación familiar, sin embargo, lograrlo supone siempre lucha.

Dependiendo de la edad de los hijos será más o menos difícil, sin hablar de familias que conviven con abuelos u otros familiares. Sin embargo es posible, y sabemos que los hijos son felices en la medida en que ven a sus padres felices, que se quieren. No tengamos problema en explicarles a nuestros hijos, que desde los dos años lo pueden entender, que es necesario un ” tiempo para los papás”, porque para mamá lo más importante es papá, y para papá lo más importante es mamá; y después, para el matrimonio, lo más importante son  sus hijos. Lo entienden, y es importante que exista esa jerarquía y que ellos lo noten y lo vivan, porque existe un orden también en el querer.

A ellos les dedicamos mucho tiempo, o algo menos, dependiendo de las circunstancias de cada familia, pero tienen que entender, sentir y ver que les dedicamos todo el tiempo que podemos, porque les queremos. Pueden entender mucho más de lo que pensamos, y debemos razonarles las cosas para que las entiendan, para que aprendan a comunicarse y para formar su criterio desde pequeños. Si sólo llegamos a verles los viernes después del trabajo, el sábado y el domingo, podemos explicarles que estamos trabajando por el bien de la familia, y contarles qué hacemos, para qué, dónde… Les gusta mucho que les contemos nuestro día, y que no sólo les preguntemos a ellos qué han comido, qué han aprendido en el cole y si han hecho los deberes. Debemos decirles también que el fin de semana estaremos deseando verles y estar con ellos. La idea es conseguir que cada hijo tenga al menos un “mini – espacio” con nosotros, y lo sientan así. Un momento que puede consistir en algo tan cotidiano, y básico como en acompañar a papá a tirar la basura o a mamá a comprar el pan.

Cuando nos vamos a cenar el matrimonio, que lo sepan también, porque mamá y papá necesitan un “rato de los papás” para estar juntos los dos. De esta manera, pueden actualizar el proyecto familiar, que seguirá vivo y se adaptará a las nuevas circunstancias que exija cada situación y momento de la vida, y el matrimonio podrá tomar oxígeno para evitar caer en la rutina o ser arrastrado por el estrés.

Así que ánimo, y no olvidemos el “momento de los papás”, que es la base de nuestro más importante proyecto: nuestro proyecto familiar.

Mariló Llana Gómez,
Profesora de Música en el Colegio Orvalle

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