05/10/2017 Colegio Orvalle

¿Y cómo es el buen profesor?

Ser buen maestro es una dimensión de lo que es la gran meta: ser mejor persona cada día que pasa. Esto requiere un desarrollo personal continuo que nos haga mejores seres humanos. Es una tarea que no termina nunca. Se debe partir de la base de que para ser un profesor de calidad, antes que nada, se debe ser un adulto de calidad con capacidad e interés por crecer en lo intelectual, racional, emocional y ético.

En la profesión docente no se puede separar lo que se hace de lo que se es. “Educamos y enseñamos desde lo que somos”, señalan Olga Casanova, L. Bazarra  y J. García Ugarte en el libro “Profesores, alumnos y familias”. Tanto los alumnos como el profesor deben asumir desde el principio que somos los artífices de la construcción de un equipo. Su calidad y su valor dependerán de que seamos capaces de conocer y compartir lo mejor de nosotros mismos”.

Es interesante recodar que un profesional de la educación debe desarrollar las habilidades propias para una buena interacción humana. Esto que parece tan lógico, toma un cariz mucho más serio al pensar en hasta dónde llega su ámbito de actuación. El profesor, como ya sabemos, no se limita a enseñar cultura básica a sus alumnos, sino que, en ocasiones, entra en el terreno de las opciones más libremente personales, como son las creencias religiosas o políticas, organización del ocio, preferencias artísticas, etc.

Habrá quien argumente que, en este nivel, su intervención es mucho menor. Pero me gustaría resaltar el hecho de que por poca que sea su actuación en estos campos, son demasiado delicados para permitir que puedan ser manipulados por cualquier persona. Hace falta una personalidad madura para adentrarse tan hondamente en la mente de un niño, sin temor a causar estropicio alguno. Por desgracia, para conseguirlo, muchas veces no basta con una preparación específica.

La personalidad madura es un rasgo fundamental del perfil de un buen profesor y corresponde a aquella que ha logrado un buen equilibrio entre sus distintos componentes, con relación a la edad (conocimiento de uno mismo, propia aceptación, etc.) y a la capacidad de tener una conducta coherente, adaptada a la realidad, con metas y objetivos realistas y concretos.

No es posible ser buen profesor si nuestro conocimiento de la disciplina que enseñamos no es adecuado. Esto también supone el estar continuamente aprendiendo y poniéndonos al día en relación a las clases que impartimos.

Si los estudiantes se dan cuenta de que no dominamos la materia perderán el entusiasmo y el interés en el curso. Esto no significa que lo debamos saber todo o aparentar que lo sabemos todo. No obstante, la principal exigencia no es que el docente sea el dueño absoluto de un conocimiento enciclopédico, ni siquiera un diestro manejador y dominador de los mecanismos de transmisión de ello, tal vez lo principal es que pueda situarse críticamente ante ese saber universal y generar controversia e incertidumbres entre sus alumnos, sobre aquellas verdades discutibles.

En algunas ocasiones se nos olvidará un dato importante o no podremos contestar una pregunta que nos hacen. Lo importante es saber cómo responder ante estos casos. Estos son momentos en donde podemos demostrar nuestra vulnerabilidad y humildad.

Como dijo Oriol Amat en su libro Aprender a enseñar:  “Los hombres inteligentes se pasan la vida aprendiendo. Los demás, no paran de enseñar”.

El maestro debe poseer un conjunto de destrezas docentes que le permitan alcanzar y ejercer un rol de liderazgo pedagógico en la práctica educativa. El docente debe ejercer su liderazgo pedagógico amparado en unas excelentes relaciones humanas, que finalizarán enriqueciendo la convivencia y fortaleciendo el prestigio y su buena imagen.

Otra característica importante para ser un buen profesor es tener altas expectativas con sus estudiantes, confíar en ellos y tratarlos con respeto. Son profesores que retan a sus estudiantes y tienen las destrezas para estimular que den lo mejor de sí mismos, mediante objetivos que son relevantes para los estudiantes.

Hay otros dos aspectos que también considero importantes en la labor diaria de un buen maestro: La afabilidad y La motivación ¿quién podría ser afable si no estuviera motivado por su trabajo? o por el contrario ¿cómo una persona motivada en su trabajo, no podría ser afable en él?

Los maestros están comprometidos con sus alumnos y con su aprendizaje. Los buenos maestros están dedicados a hacer accesible el conocimiento a todos sus estudiantes. Actúan con el convencimiento de que todos pueden aprender. Los tratan equitativamente, reconociendo sus diferencias individuales que distinguen a cada uno de ellos y toman en cuenta estas diferencias en su práctica docente. Adaptan su enseñanza basándose en la observación y conocimiento de los intereses de sus alumnos, de sus habilidades, destrezas, conocimientos, circunstancias familiares y las relaciones con sus compañeros.

Los buenos maestros incorporan las teorías cognitivas de la inteligencia a la práctica. Son conscientes de la influencia del contexto y de la cultura en el comportamiento. Desarrollan la capacidad cognitiva de sus alumnos y su respeto por aprender. Igualmente, alimentan el autoestima de los alumnos, la motivación, el carácter, la responsabilidad cívica y el respeto por las diferencias individuales, culturales, religiosas y familiares.

¡Es un gran privilegio ser maestra!

María Galvache García,

Profesora de Infantil del Colegio Orvalle

 

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