13/11/2017 Colegio Orvalle

La música amansa a las fieras

Es conocido el poder terapéutico de la música desde la antigüedad, dada la capacidad que tiene para ayudarnos a relajarnos o a activarnos. De ahí la expresión de ” La música amansa a las fieras”. Y aunque esto es cierto, no es el único aspecto de la formación musical a tener en cuenta.

Uno de los aspectos más importantes en los que debemos educar a nuestros hijos es en la sensibilidad, desarrollando la capacidad de percibir e interpretar los distintos estímulos que tienen a su alrededor, que hoy en día son muchos y muy variados. Una de las maneras para hacer esto es a través de la música.

Es real el hecho de que de todos los sentidos, el oído es el que menos educamos. Sí que les hacemos reflexionar acerca de si su biberón está frío o caliente o de si ese círculo es rojo o amarillo, o de si tienen frío o calor, o de si les gusta o no les gusta el sabor del limón. Sin embargo, pocas veces nos detenemos con ellos a escuchar el canto de un pájaro o a distinguir la voz de mamá de la voz de papá o les ponemos música desde que son bebés.

Lo más importante de todo es que seamos conscientes de que no hace falta tener un título de especialista de música para poder ayudar a nuestros hijos a desarrollar esa sensibilidad.

Hay muchas actividades que están al alcance de todos y que podemos hacer con nuestros hijos en casa. Sencillas actividades y muy prácticas para los fines de semana o días de puente en los que es bueno tenerles entretenidos.

¡Algunas ideas!

  • El juego de las sillas ¿Quién no recuerda haber jugado en algún cumpleaños o reunión familiar a este juego siendo niño? Resulta muy divertido y les obliga a estar en silencio, moverse en silencio y escuchar. No hace falta que seamos muchos para jugar a este juego, bastará con que seamos tres o cuatro.
  • “Estatua”. Consiste en que la música suena y cuando para, hay que estar quieto sin moverse para no ser eliminados, hasta que vuelve a sonar.
  • -“Ser músico por un día”. Consiste en reproducir alguna pieza de música clásica y jugar con nuestros hijos imaginando que estamos tocando los instrumentos de la orquesta.
  • “Dirigir la orquesta”. Los más pequeños y los que no lo son tanto, se vuelven locos si les damos un lápiz y les pedimos que sean ellos los directores de la orquesta, subidos en la caja de las construcciones.

Os animo también a disfrutar con vuestros hijos a juegos en los que tiene un papel importante el sonido. De la misma forma en que aprendemos escuchando música, cuando estamos en un atasco y oimos los distintos tipos de ruidos a nuestro alrededor, podemos hacerles conscientes de la variedad de sonidos que existen.

Si son pequeños, podemos pasar también un agradable y divertido rato en familia imitando animales.

Para todo esto, no hace falta nada más que ganas de pasarlo bien y, para algunas actividades, disponer de un aparato que pueda reproducir música. Pero… ¿qué tipo de música? Pues en realidad se trata de educar su gusto y oído, por lo que tampoco hay una música que sea especialmente recomendable o algunas que no lo sean. Sencillamente elegiremos músicas que ellos puedan escuchar por sus letras, si es que las tienen.

Es verdad que la música clásica, en especial la del barroco, como la de Johann Sebastian Bach o la del Clasicismo, de Mozart, ayudan a relajarse. Además, por su estilo y su “tempo”, son semejantes a los ritmos y constantes vitales, por lo que son muy buenas para favorecer las conexiones neuronales. Sin embargo, no son las únicas.

Debemos también enseñar a nuestros hijos todo tipo de música: jazz, blues, pop, rock’n’roll, fusión, música de otros países…Puede ser muy enriquecedor y servirá para abrir su mente y hablar de historia, de otras culturas.

Por otro lado, la música que a nosotros nos gusta es importante que también la conozcan nuestros hijos. De la misma manera que nuestro ejemplo puede jugar un papel fundamental a la hora de que lean, si nos ven escuchar música y disfrutar de ella, también lo más natural es que empiecen a cogerle el gusto. Sobre tod, porque la música en la adolescencia, será uno de los nexos de unión con nuestros hijos si lo promovemos desde su infancia.

Un buen momento para aprovechar y escuchar música son los viajes en el coche, en los que se tiende mucho a visualizar películas en DVD o a que cada uno use sus cascos… ¡Y no hay nada más enriquecedor que escuchar música en familia! Aprenden a ceder. Primero se escucha una canción que le gusta a mamá, luego una que le gusta a uno de los hermanos y después otra que nos gusta a todos y así sucesivamente.

También es importante que aprendan a escuchar las canciones hasta el final porque la moda hoy en día es escuchar 10 segundos de cada una y cambiar a la siguiente. Hace unos veinte años ahorrábamos y comprábamos la música, esperábamos a que nos regalasen un CD o grabábamos una cinta de la radio….hoy en día, en tres segundos se han descargado cualquier canción gratis de Internet y no valoran tanto la música que escuchan. Debido a la velocidad de los estímulos que reciben, se cansan rápido de una canción. A través de la audición de música, podemos enseñar valores como la paciencia, el respeto, el valor del silencio, la atención, concentración, la constancia en el sentido de terminar lo que se empieza…

La música además es terapéutica. Puede ayudarnos muchísimo si tenemos un hijo hiperactivo. Por ejemplo, ayudarle a calmarse es sencillo si empezamos a escuchar música con el ritmo acelerado en el que está en un momento determinado nuestro hijo y, poco a poco, irle llevando hacia posiciones y músicas más tranquilas. Por el contrario, podemos animar a un hijo más hipotónico llevándole a ritmos más vitales, o motivar y dar seguridad a un hijo tímido que canta en la ducha.

Podemos conseguir que nuestros hijos se relajen antes de ir a dormir, que en verano cuesta más o “amansar a las fieras” a la hora de la siesta.

En resumen, no olvidar que la música es un canal de comunicación muy potente que forma parte importante de la vida de todo ser humano. Puede jugar un gran papel en la educación de nuestros hijos, si sabemos sacarle partido.

Mariló Llana,

Profesora de Música del Colegio Orvalle

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