19/03/2019 Colegio Orvalle

EL VESTIR Y LA APARIENCIA…

«¡A ver, qué me pongo! ¡Uf que pereza pensarlo…! ¡No pasa nada, cualquier cosa y ya! Total, sólo voy al mismo sitio todos los días, donde la gente ya me conoce».

Todos hemos pensado alguna vez que no tenemos que vestir de cierta manera para obtener el respeto que creemos merecer o para conseguir que la gente nos escuche. «¡Qué bobada!», ¿no? «La gente debería valorarme por lo que soy, no porque estoy vistiendo ropa más o menos bonita». 

Sin embargo, la imagen que ofrecemos a los demás sí importa. Todos tenemos una visión de nosotros mismos que queremos que otros valoren; que aprecien que somos personas de confianza, interesantes, deportivas, viajeras, intelectuales o creativas…

Ciertamente, esto no sería posible si no incluyéramos en nuestra manera de vestir o de presentarnos algunos elementos que adornaran esta idea que queremos transmitir y que influye en nuestras relaciones interpersonales. La percepción de mi imagen frente a otro individuo es muy importante cuando esa persona me interesa, me agrada o la respeto.

En una ocasión, estaba en la calle rumbo a la casa de una amiga. Conocía la zona, pero no estaba segura de qué calle tomar a continuación. Una señora que pasaba notó que miraba a los lados tratando de orientarme y me preguntó si necesitaba ayuda. Le conté mi situación y me dijo con confianza que debía seguir por cierta dirección. Le di las gracias por el consejo.

Un momento después, otra señora que escuchó la conversación se inclinó hacia mí y dijo: «En realidad, deberías ir por la calle opuesta». Le di las gracias y, como ésta me había dicho, tomé la segunda calle ignorando el consejo de la primera señora.

¿Cuál fue la diferencia entre las dos mujeres? ¿Y por qué elegí las indicaciones de una y no de la otra? Cuando me alejé, me di cuenta al instante del por qué. La segunda mujer iba muy bien arreglada, no por el valor adquisitivo de sus prendas, sino mas bien por su higiene y cuidado personal.

En ese momento fui consciente de cuántas nociones y estereotipos preconcebidos se construyeron en mí respecto a estas dos personas. Me parecía injusto cómo la gente juzga a otros por su aspecto, mientras yo hacía lo mismo con ellos.

De esa manera llegué a una conclusión. La ropa que usas y la forma en que te preparas, afecta la forma en que otras personas escuchan lo que dices y valoran lo que eres.

Inconscientemente les dirá si eres como ellos o si eres diferente. Se determinará si te escuchan o te ignoran. Se generará confianza o desconfianza.

Existen numerosos ejemplos: se sopesa nuestro aspecto en las entrevistas laborales, también los uniformes profesionales nos indican a qué se dedican las personas y si nos inspiran confianza, algunas compañías farmacéuticas y tecnológicas colocan a los actores (y sabemos con seguridad que son actores) en batas blancas de laboratorio para lanzar sus medicamentos en anuncios de televisión, los políticos utilizan determinados colores de corbata para inspirar confianza durante las campañas electorales y así podría citaros muchos otros ejemplos…

En definitiva. Cómo te vistes modifica cómo te perciben, al menos, a primera vista. Cuidar un buen aspecto también indica que sientes respeto hacia los demás y que te esfuerzas por resultar agradable. 

Puede que no nos guste esta realidad, pero debemos recordar: quienes triunfan no son los que se quejan de «la forma en que las cosas son» o «la forma en que deberían ser», son quienes aceptan la realidad por lo que es, y la utilizan positivamente.

Ana Ugarte,

Profesora de Artes Plásticas y Tecnología en el Colegio Orvalle

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