El papel del Colegio en la educación de los hijos

En mi caso se llama Marta. Esa persona que te dice una frase en el inicio de tu vida matrimonial y que veinte años después recuerdas como profética.

La frase era ésta:

“Creía que ser madre era fácil hasta que tuve mi tercer hijo y descubrí que había tenido 2 hijos fáciles”.

Siendo madre de familia numerosa y con hijos en todas las etapas de la educación, se me acercan muchas amigas a pedir consejo. Si piden una fórmula mágica para educar hijos, suelo ser bastante reacia a darla, porque la experiencia me ha demostrado que no existe. Pero si insisten, suelo decir lo siguiente:

»Para educar bien cada hijo hay que conocerlo bien, aceptarlo y quererlo como es, y saber exigirle como necesita ser exigido en un ambiente de cariño sincero y buen humor», Marivi Urbina.

Incluso cuando solo tenemos un hijo podemos no conocerlo bien. Nuestra propia subjetividad es un obstáculo importante para ver la realidad como es. Además, la educación es arte, pero también ciencia, y son pocos los que tiene este mundo como trabajo profesional, como para tener los conocimientos necesarios. Normalmente educamos cómo nos han educado y eso, hoy en día, en un mundo tan cambiante, muchas veces no es suficiente. La tecnología es un ejemplo claro.

La educación personal, imprescindible

Aquí es cuando un buen colegio nos da un servicio imprescindible en este aspecto. Y más si ese colegio defiende la educación personal, viendo en el alumno una persona con un montón de potencialidades maravillosas que tiene que desarrollar. Justo, como los vemos los padres.

Ese gran apoyo llamado preceptora

La figura de la preceptora me parece fundamental en este tipo de educación. Esa profesora que ejerce de madre, abogada defensora, enfermera, psicóloga y todo lo que haga falta cuando nuestros hijos están en el colegio. Al conocer a la familia bien puede tener esa visión de conjunto que le hace tomar la decisión oportuna en cada ocasión. Y eso, en educación es un valor inestimable.

Alumnas del Colegio Orvalle

Puedo contar las decenas de veces que he ido a Orvalle, el colegio de mis hijas, y he tenido una conversación enriquecedora con nuestra preceptora. Unas veces son más tranquilas y rutinarias, pero no pocas han sido de más calado, tratando temas de fondo, importantes, que necesitaban decisiones meditadas. En todas las ocasiones he comprobado como cada uno de mis hijos era tratado como persona, con conocimiento, con cariño y con exigencia. Y no pocas veces me han descubierto aspectos de su carácter que ignoraba o que veía equivocadamente. El conocimiento de un hijo se enriquece increíblemente cuando alguien que también lo quiere te habla de él.

La importancia de formarse continuamente

Otro aspecto fundamental en este tipo de colegios es la constante formación que se imparte a los padres en temas de actualidad. Si ya tenemos poco tiempo para dedicarlo a cada hijo, es casi imposible averiguar qué temas son los que están en el candelero. Que el colegio, como Orvalle, se adelante y nos ofrezca conferencias, cursos y debates sobre cuestiones de educación importantes hoy en día, facilitan enormemente nuestra formación.

»Educar a unos hijos con un colegio detrás que te apoya, que te acompaña y que te ayuda, es una bendición que poca gente tiene, y hace que esa tarea tan apasionante como desafiante, se convierta en un camino compartido y mucho más exitoso», Marivi Urbina.

Artículo escrito por Marivi Urbina, madre del Colegio Orvalle y Presidenta del APA

¡Detectives de la verdad!

Reconocer las fake news desde Primaria

Hoy en día nos encontramos con información muy inmediata y en múltiples canales. Las noticias llegan en fracciones de segundo por un whatsapp, por un direct en RRSS o por una alerta en el móvil de medios periodísticos online. Sin embargo, no todo lo que brilla es oro. En muchísimas ocasiones somos víctimas de “estafas” informativas.

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¿Cómo aprender inglés?

Hasta hace pocos años éste era el escenario más común en el ámbito educativo: generaciones, una tras otra, estudiando inglés durante más de una década y, al acabar el colegio, se encontraban con la sensación (y penosa realidad), de no haber aprendido nada o al menos muy poco. Una situación que buscaban remediar con muchos años más de clases particulares o costosos cursos de larga estancia en el extranjero.

¿Os suena de algo? Si ésta ha sido tu realidad, tus hijos no tienen por qué heredar la misma experiencia. Te decimos cómo…

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¡Vivir sin miedo!

Sentir miedo es inevitable y no es de cobardes. Nelson Mandela dijo en una ocasión: “valiente no es el que no tiene miedo sino aquel que conquista ese miedo”.

Conocer los miedos que hay detrás de algunos comportamientos nos dará herramientas para ayudar los hijos a vencer esos temores y conquistar su libertad. Hablaremos de tres miedos:

  • El miedo a perder la comodidad
  • El miedo a perder la aceptación
  • El miedo a no ser perfectos
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¿Demasiado miedo a perder o demasiadas ansias de ganar?

El arte de enseñar a perder y a ganar

La competitividad inunda nuestras vidas en todos los ámbitos. Se compite en el deporte, en el trabajo, en las artes, en la investigación, en las notas, hasta en las redes sociales con quién tiene más likes o más seguidores. Continuamente nos enfrentamos a un ganar o perder, a una rivalidad de quién es el top 1. Pero está en nuestro interior renunciar a esa carrera y ser conscientes de cuándo conviene decidir perder para realmente poder ganar.

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Los cuentos: historias extraordinarias para familias extraordinarias

Cualquiera que tenga la responsabilidad de ofrecer un discurso, sabe que los portavoces se entrenan, practican, ensayan una y otra vez. Uno de los factores determinantes para el éxito de la alocución es saber adaptar el discurso a la audiencia y, mientras se realiza, medir la reacción del público y saber reconducir el mensaje para cumplir con los objetivos.

Pero qué pasa cuando los espectadores son nuestros propios hijos, el discurso es un cuento y el mensaje se convierte en moraleja. ¿Adaptamos las formas de comunicar? ¿Tomamos en cuenta su interés y atención a medida que hacemos el relato? ¿Le dedicamos tiempo o vamos a lo inmediato?

El exceso de confianza, la “garantía” del amor recíproco y las prisas, junto a muchos otros factores, hacen que muchas veces nos olvidemos de la importancia de cuidar, especialmente, esos momentos narrativos con nuestro público más importante y cedamos el micrófono a la televisión, las tablets o los móviles. Cuando el padre o la madre narran o leen cuentos a los niños, surgen oportunidades muy valiosas de crecimiento para los pequeños y de unión en el vínculo filial.

Desde que nuestros hijos nacen, van creciendo acompañados de la narrativa. Primero entre nanas y rimas, más adelante con historias muy breves. Seguidamente con la repetición insaciable de algún cuento favorito y así continúan evolucionando en su fascinación por el mundo de la imaginación y de la literatura en un escenario de conexión especial y exclusiva con sus intérpretes predilectos: los padres. Es por ello que en muchas ocasiones, ante nuestro popular “colorín colorado”, nuestro público nos pide a gritos: “¡Otro! ¡Otro!”.

Los padres nos debemos asombrar con las historias, creérnoslas, sólo así se volverán extraordinarias para nuestros niños. Debemos evitar caer en la tentación de los cuentos “exprés”. Sí, esas pequeñas dosis que calman nuestra consciencia con el check del deber cumplido, pero que poco sacian la fascinación de los niños. Me refiero a recursos como: “cuentos de dos minutos”, “historias breves”, “365 relatos de 60 segundos”, “fábulas para contar a tu hijo mientras le duchas” y un sinfín de parches a los que muchas veces recurrimos para sobrevivir a nuestro vertiginoso ritmo de vida.

¿A partir de qué edad se les puede contar o leer historias?

La lectura de un cuento o la narrativa de una historia original pueden empezar a cualquier edad, mientras más pequeños, mejor. Siempre habrá que adaptar las formas de interpretación –onomatopeyas, gesticulación, entonación-.

Los libros para los más pequeños apelan más a la manipulación que a la escucha, mediante texturas, solapas, contrastes de colores y grandes ilustraciones. Se estima que hasta los dos años de vida, los niños no  son capaces de comprender el relato, sin embargo, se van habituando a la escucha atenta y a la lectura.

Entre los dos y cuatro años los cuentos deben tener pocos personajes, con guiones simples y argumentos sencillos, cargados de onomatopeyas. A los cuatro o cinco años debe aumentar gradualmente la complejidad de los argumentos y apelar a historias más fantasiosas, con personajes extraordinarios, exageraciones, objetos que cobren vida, animales que hablen, emociones negativas versus positivas (buenos y villanos), etc. Entre los cinco y siete años las historias ya deben tener una moraleja y, a partir de esta edad, les fascinan las aventuras y los cuentos que generen expectativas.

A continuación comparto con vosotros algunas páginas con sugerencias de libros según la edad de los niños:

Troa Librerías

Club Peques Lectores

Los 25 mejores libros clasificados por edades

Diez recomendaciones de libros para niños para acertar seguro

Los 17 mejores cuentos en inglés para niños

Selección de libros en inglés para niños de Primaria

Claudia Rivera Tollinche,

Profesora del Colegio Orvalle

EL VESTIR Y LA APARIENCIA…

«¡A ver, qué me pongo! ¡Uf que pereza pensarlo…! ¡No pasa nada, cualquier cosa y ya! Total, sólo voy al mismo sitio todos los días, donde la gente ya me conoce».

Todos hemos pensado alguna vez que no tenemos que vestir de cierta manera para obtener el respeto que creemos merecer o para conseguir que la gente nos escuche. «¡Qué bobada!», ¿no? «La gente debería valorarme por lo que soy, no porque estoy vistiendo ropa más o menos bonita». 

Sin embargo, la imagen que ofrecemos a los demás sí importa. Todos tenemos una visión de nosotros mismos que queremos que otros valoren; que aprecien que somos personas de confianza, interesantes, deportivas, viajeras, intelectuales o creativas…

Ciertamente, esto no sería posible si no incluyéramos en nuestra manera de vestir o de presentarnos algunos elementos que adornaran esta idea que queremos transmitir y que influye en nuestras relaciones interpersonales. La percepción de mi imagen frente a otro individuo es muy importante cuando esa persona me interesa, me agrada o la respeto.

En una ocasión, estaba en la calle rumbo a la casa de una amiga. Conocía la zona, pero no estaba segura de qué calle tomar a continuación. Una señora que pasaba notó que miraba a los lados tratando de orientarme y me preguntó si necesitaba ayuda. Le conté mi situación y me dijo con confianza que debía seguir por cierta dirección. Le di las gracias por el consejo.

Un momento después, otra señora que escuchó la conversación se inclinó hacia mí y dijo: «En realidad, deberías ir por la calle opuesta». Le di las gracias y, como ésta me había dicho, tomé la segunda calle ignorando el consejo de la primera señora.

¿Cuál fue la diferencia entre las dos mujeres? ¿Y por qué elegí las indicaciones de una y no de la otra? Cuando me alejé, me di cuenta al instante del por qué. La segunda mujer iba muy bien arreglada, no por el valor adquisitivo de sus prendas, sino mas bien por su higiene y cuidado personal.

En ese momento fui consciente de cuántas nociones y estereotipos preconcebidos se construyeron en mí respecto a estas dos personas. Me parecía injusto cómo la gente juzga a otros por su aspecto, mientras yo hacía lo mismo con ellos.

De esa manera llegué a una conclusión. La ropa que usas y la forma en que te preparas, afecta la forma en que otras personas escuchan lo que dices y valoran lo que eres.

Inconscientemente les dirá si eres como ellos o si eres diferente. Se determinará si te escuchan o te ignoran. Se generará confianza o desconfianza.

Existen numerosos ejemplos: se sopesa nuestro aspecto en las entrevistas laborales, también los uniformes profesionales nos indican a qué se dedican las personas y si nos inspiran confianza, algunas compañías farmacéuticas y tecnológicas colocan a los actores (y sabemos con seguridad que son actores) en batas blancas de laboratorio para lanzar sus medicamentos en anuncios de televisión, los políticos utilizan determinados colores de corbata para inspirar confianza durante las campañas electorales y así podría citaros muchos otros ejemplos…

En definitiva. Cómo te vistes modifica cómo te perciben, al menos, a primera vista. Cuidar un buen aspecto también indica que sientes respeto hacia los demás y que te esfuerzas por resultar agradable. 

Puede que no nos guste esta realidad, pero debemos recordar: quienes triunfan no son los que se quejan de «la forma en que las cosas son» o «la forma en que deberían ser», son quienes aceptan la realidad por lo que es, y la utilizan positivamente.

Ana Ugarte,

Profesora de Artes Plásticas y Tecnología en el Colegio Orvalle

¿Por qué leer a los clásicos?

Si buscamos en el diccionario de la Real Academia Española la palabra «clásico» podemos leer en su tercera acepción: «Dicho de un autor o una obra: Que se tiene por modelo digno de imitación en cualquier arte o ciencia.» Cuando uno lee un clásico sabe, aunque solamente sea de manera intuitiva, el motivo de que haya sido clasificado como tal. Los clásicos no pasan de moda, y es porque captan la esencia del ser humano. Esa esencia es la misma a lo largo de la historia.

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5 TIPS PARA LA VUELTA A LA “REALIDAD”

Tras el verano llega la vuelta a la rutina, a la vida normal, a la relativa calma…a la realidad que vivimos la mayor parte del año, y que cambiamos por unos días » de ensueño» que cada vez pasan más rápido. Se nota porque ahora cambian los horarios, los planes, el tiempo, las comidas, las compañías…es una época de transición y como todas en la vida, nos hace tambalearnos. Leer

PADRES Y PROFESORES - COLEGIO ORVALLE

El blog PADRES Y PROFESORES encontrarás temas de interés o actualidad.